Canto Órfico

La danza ya no suena, la música dejó de ser palabra, el cántico creció del movimiento. Orfeo, dividido, anda en busca de esa unidad áurea que perdimos. Mundo desintegrado, tu esencia reside tal vez en la luz, más neutra ante los ojos desaprendidos de ver; y bajo la piel, ¿qué turbia imporosidad nos limita? De ti a ti, abismo; y en él, los ecos de una prístina ciencia, ahora exangüe. Ni tu cifra sabemos. Ni aun captándola tuviéramos poder de penetrar. Yerra el misterio en torno de su núcleo. Y restan pocos encantamientos válidos. Quizás apenas uno y grave: en nosotros tu ausencia retumba todavía, y nos estremecemos que una pérdida se forma de esas ganancias. Tu medida, el silencio la ciñe, la esculpe casi, brazos del no-saber. Oh fabuloso mudo paralítico sordo nato incógnito la raíz de la mañana que tarda, y tarde, cuando la línea del cielo en nosotros se esfuma, tornándonos extranjeros más que extraños. En el duelo de las horas, tu imagen atravie...